miércoles, 23 de marzo de 2011

El Coaching se crea en un contexto de Confianza

Como muchos coaches lo han sugerido, el coaching es por naturaleza sumamente personal, y se basa en un nivel único y profundo de confianza, entre el coach y aquel o aquellos que son coacheados. Aún cuando no se trata de terapia, la calidad de la relación es muy parecida a esta, igual que sus consecuencias, positivas o negativas, así de profunda puede ser.


Esto se debe a que la relación de coaching está basada en dos elementos clave: a) el coach es un observador competente y es responsable de generar con el coachee una posibilidad más grande que aquellas que estaban disponibles en la realidad histórica del coachee. Esto requiere un nivel de fe, por parte del coachee, en que el coach está actuando únicamente para los intereses del coachee; b) el objetivo de la relación de coaching es empoderar al coachee para que ejecute acciones sin precedente, y que a menudo podrían ser contrarias o anti-intuitivas a la experiencia y competencia histórica de la persona bajo el proceso de coaching.


Consecuentemente, el coachee requiere tomar un nivel significativo de riesgo para materializar los beneficios de la relación. Si es exitoso, los beneficios son obvios y validan el proceso mismo. Si es no exitoso, el coachee debe prepararse para tratar con, y ser responsable por, las consecuencias potencialmente negativas.


Hablando de un código de ética para el coaching, he aquí unas distinciones, entre moral, ética y valores, esta puede ser una interpretación útil: La moral se refiere a las reglas de Dios, la ética a las reglas de la comunidad y los valores a nuestras reglas individuales. Idealmente estas reglas estarán alineadas y serán coherentes, armando nuestro marco de referencia para la vida. No obstante, en la mayoría de los casos, nos enfrentamos con elecciones cuyas reglas no siempre están claras y que hasta pueden estar en conflicto. Más aún, en muchos casos nuestras acciones no son producto claro de nuestras elecciones conscientes, tanto como pueden ser respuestas naturales y automáticas a situaciones y circunstancias en las cuales la ética prevaleciente es dictada por la sabiduría popular, la conveniencia, el hábito, o la simple prueba y error.


Nos alineamos con la creencia de que si el coaching será una disciplina o profesión ampliamente respetada, debe acordarse un conjunto de reglas que la gobierne. En ausencia de tales reglas, el coaching podría convertirse en una moda pasajera y su potencial de paradigma nuevo y empoderador se perdería. Sugerimos adoptar la propuesta de Selman y Fullerton. En una futura entrega se presentará la propuesta para que se analice, debata, enriquezca, expanda y, eventualmente, se adopte.


Tomado del artículo "Coaching & ethics" de Jim Selman y Rick Fullerton

lunes, 7 de marzo de 2011

El coaching no es un capricho pasajero

Debatir sobre la ética en el Coaching se apoya en la visión de que el Coaching está emergiendo como una disciplina importante y distinta en las organizaciones. No obstante, necesitamos ser sensibles al fenómeno de cómo una nueva idea puede emerger, sólo para ser apropiada por la cultura histórica, reforzando paradigmas prevalecientes. En muchas organizaciones, la noción del "sabor-del-día" (al hablar de nuevos enfoques al management y al trabajo) es una expresión cínica del fenómeno, que sugiere que lo "nuevo" es esencialmente trivial, que es más de lo mismo, y así puede ser desdeñado. El desafío es lanzar sin minar algo que es valioso y nuevo, al mismo tiempo que se atienden interpretaciones cortas, sin caer en la seducción de los "expertos" que usan el concepto nuevo, para vender un enfoque viejo.


En los 10 o 15 años pasados, el Coaching ha llamado la atención y ofrecido oportunidades para que mucha gente gane a través de un interés y demanda crecientes. Durante estos tiempos, miles de personas se han entrenado e incluso se han declarado como coaches, han proliferado programas de enseñanza y certificación en coaching, se han publicado cientos de libros en el tema, al mismo tiempo que se producen conferencias y seminarios por todos lados. Incluso, muchas corporaciones han reemplazado la palabra "manager" (gerente) por "coach", en todas sus publicaciones, mapas organizacionales y tarjetas de negocio.


Parece ocioso mencionar que cambiar la etiqueta no cambia el comportamiento de la organización, refiriéndonos a su estructura, cultura y competencias. En México no hay cifras precisas, pero sabemos que en los EEUU y Canadá, hay más de 10 mil personas que se autodeclaran coaches trabajando como practicantes habituales. No hay duda que muchos de ellos son extraordinariamente competentes y hacen una verdadera diferencia en las organizaciones para las que colaboran, o en la vida de aquellas personas a las que acompañan, también hay muchos que se autodenominan coaches para seguir practicando disciplinas viejas, dando asesoría, funcionando en el paradigma de "control y conducción".


Para cualquier cliente del Coaching este fenómeno puede crear serias confusiones. Particularmente aquella que se refiere a esperar que el coach les diga qué hacer... y cómo. También, algunos que tienen conocimiento sobre temas de calidad o iniciativas de mejora organizacional meten al coach como un supervisor con nuevas habilidades para empoderar y apoyar a otros. Esta clase de "coaches" puede ser sumamente valiosa y contribuir realmente a las organizaciones y su gente, aún cuando no sean exactamente del tipo de coaches profesionalmente preparados y competentes para trabajar en que la gente logre quiebres y resultados sin precedentes, basados en nuevas formas de ser.


En futuras entregas, hablaremos de este tipo de coaches, aquel que no tiene más propósito que apoyar al cliente a lograr la mejor expresión de su ser, a través de quiebres, comportamientos sin precedentes y resultados extraordinarios.


Tomado del artículo "Coaching & ethics" de Jim Selman y Rick Fullerton

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