
Como muchos coaches lo han sugerido, el coaching es por naturaleza sumamente personal, y se basa en un nivel único y profundo de confianza, entre el coach y aquel o aquellos que son coacheados. Aún cuando no se trata de terapia, la calidad de la relación es muy parecida a esta, igual que sus consecuencias, positivas o negativas, así de profunda puede ser.
Esto se debe a que la relación de coaching está basada en dos elementos clave: a) el coach es un observador competente y es responsable de generar con el coachee una posibilidad más grande que aquellas que estaban disponibles en la realidad histórica del coachee. Esto requiere un nivel de fe, por parte del coachee, en que el coach está actuando únicamente para los intereses del coachee; b) el objetivo de la relación de coaching es empoderar al coachee para que ejecute acciones sin precedente, y que a menudo podrían ser contrarias o anti-intuitivas a la experiencia y competencia histórica de la persona bajo el proceso de coaching.
Consecuentemente, el coachee requiere tomar un nivel significativo de riesgo para materializar los beneficios de la relación. Si es exitoso, los beneficios son obvios y validan el proceso mismo. Si es no exitoso, el coachee debe prepararse para tratar con, y ser responsable por, las consecuencias potencialmente negativas.
Hablando de un código de ética para el coaching, he aquí unas distinciones, entre moral, ética y valores, esta puede ser una interpretación útil: La moral se refiere a las reglas de Dios, la ética a las reglas de la comunidad y los valores a nuestras reglas individuales. Idealmente estas reglas estarán alineadas y serán coherentes, armando nuestro marco de referencia para la vida. No obstante, en la mayoría de los casos, nos enfrentamos con elecciones cuyas reglas no siempre están claras y que hasta pueden estar en conflicto. Más aún, en muchos casos nuestras acciones no son producto claro de nuestras elecciones conscientes, tanto como pueden ser respuestas naturales y automáticas a situaciones y circunstancias en las cuales la ética prevaleciente es dictada por la sabiduría popular, la conveniencia, el hábito, o la simple prueba y error.
Nos alineamos con la creencia de que si el coaching será una disciplina o profesión ampliamente respetada, debe acordarse un conjunto de reglas que la gobierne. En ausencia de tales reglas, el coaching podría convertirse en una moda pasajera y su potencial de paradigma nuevo y empoderador se perdería. Sugerimos adoptar la propuesta de Selman y Fullerton. En una futura entrega se presentará la propuesta para que se analice, debata, enriquezca, expanda y, eventualmente, se adopte.
Tomado del artículo "Coaching & ethics" de Jim Selman y Rick Fullerton
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